sábado, 4 de julio de 2009

El hada y su cajita de cristal

En medio de un bosque de leyendas, lleno de flores con aroma dulce y con un verde profundo que inunda los rincones, vivía en un frondoso roble un hada pequeña y hermosa llamada “Dríade”.
En ese fabuloso mundo el hada con su alma protectora tenía como tarea el cuidado de la naturaleza y del bosque en general, sus habitantes y todos sus rincones. Una de las tareas más importantes es la de avisar la llegada de la primavera, pues es ella la que sabía el día exacto en que brotaban las primeras flores y así debía animar a todos los habitantes del bosque a que comiencen a alegrar el entorno. Ella convivía muy contenta con algunos elfos pícaros, grandes gnomos, duendes y pequeños gigantes.
Los secretos de aquel lugar cuentan muchas cosas de aquel hada fantástica y etérea, una de ellas es que la vida del hada duraría lo mismo que la del árbol en dónde vive; o que ella hace todas las cosas sin dejarse influenciar por el entorno, todos sus actos y actitudes son puramente inocentes. Lo más impactante de aquel hada era que no era fácil de encontrarla caminando por ahí, pero una vez que se la encontraba era casi imposible olvidar su mirada… Hay quienes aseguran que sólo los niños y aquellos que conservan gran inocencia en el corazón pueden verla y saben ver mas allá de lo que ella es.
Una tarde como tantas, Dríade salió a volar entre los árboles del bosque para cuidar de que todos sus habitantes estuvieran bien, y ya que próximamente llegaría la primavera, tenía que controlar que todo estuviera preparado para el comienzo de una nueva etapa, entonces, decidió ir a observarlos escondiéndose entre la intensa luz que se filtraba entre los altos árboles. Acompañada por su gran inocencia comenzó a descubrir algunas cosas que no comprendía, comenzó a ver que algunos de los seres que normalmente debían cuidar los pimpollos estaban maltratando los brotes de las plantas para que cuando llegara la primavera no luzcan bellos y se destaquen. Observó también que los que deberían estar cuidando a los pequeños animalitos estaban durmiendo escondidos tras algún arbusto y se encontró con varios duendes que simplemente no habían cumplido con sus tareas asignadas. El hada cargada con una gran desilusión volvió a su roble centenario para poder llorar sin que nadie la viera.
Como nadie había cumplido con sus tareas, la primavera no pudo llegar para instalarse , entonces el hada muy triste comenzó a sentir frío dentro de su propio roble, ya no sentía el olor dulce de las flores, ya no podía ver el verde brillar entre las hojas. Cada día el hada tuvo menos ganas de salir a recorrer su bosque y buscó la manera de abrazarse con sus propias lágrimas. El sol ya no llegaba a su nido del árbol y el verde de las hojas comenzó a tornarse en un descolorido marrón; el frío cada vez hacía que se cobijara en sí misma para buscar un poquito de calor, así sus lágrimas fueron convirtiéndose en pequeñas gemas de hielo. Pero el hada no creía que todo fuera tan triste y decidió pensar de que manera poder salvarse de tan fea atmósfera que la rodeaba, entonces para no ver la tristeza del bosque comenzó a formar con las pequeñas gemas de hielo su escudo contra el frío que la atormentaba. Al cabo de un tiempo corto logró construir una cajita donde se acobijo y así se fue quedando dormida para entregarse a un sueño que la protegiera del hastío exterior.
La primavera pasó por ese bosque a su manera, los elfos, gnomos, duendes y pequeños gigantes pasaron desapercibidos ante la vida por no haber cumplido con sus tareas; algunos fueron muriendo de hambre, otros de sed, otros emigraron a otro bosque donde no fueron aceptados y el resto trató de sobrevivir como pudo.
Los seres superiores se enteraron de la ausencia de la primavera y quisieron buscar al hada para que explicara el porqué de tan rara situación y después de buscar por todo el bosque encontraron a Dríade en su roble durmiendo un sueño intenso.
El hada estaba durmiendo calentita, acurrucada dentro de su pequeña cajita, su cuerpo estaba flaco, triste pero protegido por el escudo de sus lágrimas. El hielo con la magia del alma pura de Dríade se había transformado de a poco en una hermosa cajita de cristal.
Con el tiempo y mientras Dríade aún dormía, los habitantes fabulosos de ese bosque tomaron consciencia del error que habían cometido, el verde del bosque de a poco comenzó a tomar de nuevo su color pues los mismos que lo habían arruinado lo fueron transformado mucho mas bello y frondoso, con mas flores bellas y coloridas, con mas vida y alegría.
Los seres superiores fueron a despertar al hada, la abrazaron muy fuerte devolviéndole de apoco el calor que le faltaba, dándole fuerzas y nutriendo nuevamente a su cuerpo adormecido. Al despertar, Dríade, no podía entender lo que pasaba, casi como creyendo que era un sueño, comenzó a recorrer su bosque por ellos acompañada, quedó admirada de tanta belleza. Ella iba cautelosa escondiéndose de la luz que se filtraba nuevamente entre los árboles pero siempre aferrada a una mano que la guiaba. De a poco, lentamente comenzó a tener confianza en si misma y comenzó a cuidar nuevamente su bosque. Cada vez necesitaba menos de esa mano que la acompañada. Casi sin darse cuenta, y feliz por haber visto el cambio en los demás, todo volvió a la normalidad, con la única diferencia que el hada Dríade volvía todas sus noches al roble donde se dormía acurrucada en su cajita de cristal.
Bambú

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